¿Qué está pasando con tu progesterona?

Cambios de humor, irritabilidad, cansancio, sensibilidad mamaria, alteraciones del sueño, dolor menstrual… Muchas mujeres reconocen estos síntomas en los días previos a la menstruación, pero no siempre es fácil entender qué hay detrás.

El ciclo menstrual implica una sucesión de cambios hormonales cuidadosamente coordinados, en los que estrógenos y progesterona tienen un papel fundamental. Y aunque a menudo se habla más de los estrógenos, la progesterona también puede influir en cómo nos sentimos a lo largo del ciclo.

Comprender cómo funciona y cómo cambia en las diferentes etapas de la vida puede ayudar a entender mejor algunas de las manifestaciones asociadas al síndrome premenstrual, la perimenopausia y la menopausia.

 

¿Qué es la progesterona y por qué es importante?

La progesterona es una hormona esteroidea producida principalmente por el cuerpo lúteo después de la ovulación. Su producción aumenta durante la fase lútea, la segunda mitad del ciclo menstrual, y posteriormente disminuye si no se produce un embarazo.

Uno de sus principales papeles es preparar el endometrio para una posible implantación. Pero sus funciones no se limitan al aparato reproductor. La progesterona también puede transformarse en neuroesteroides, entre ellos la alopregnanolona, que actúa sobre los receptores GABA-A del sistema nervioso central.

Por ello, las variaciones de progesterona y de sus metabolitos se han relacionado con cambios en el estado de ánimo y la respuesta al estrés.

Esto es especialmente interesante cuando hablamos del síndrome premenstrual (SPM).

 

Progesterona y síndrome premenstrual: ¿qué relación existe?

El síndrome premenstrual engloba un conjunto de síntomas físicos y emocionales que aparecen de forma recurrente durante la fase lútea y desaparecen o mejoran con la llegada de la menstruación.

Entre los más habituales se encuentran:

  • Irritabilidad y cambios del estado de ánimo.
  • Cansancio.
  • Sensibilidad o tensión mamaria.
  • Cefalea.
  • Hinchazón y retención de líquidos.
  • Cambios en el apetito.
  • Alteraciones del sueño.
  • Mayor sensibilidad al estrés.

La relación entre progesterona y SPM es compleja. No se trata simplemente de tener “más o menos progesterona”. Algunas mujeres pueden presentar una sensibilidad diferente a las fluctuaciones hormonales, especialmente a los cambios en la progesterona y en su metabolito alopregnanolona.

La alopregnanolona puede modular la actividad del receptor GABA-A, relacionado con procesos como la respuesta al estrés, la ansiedad y la regulación emocional. Durante el ciclo menstrual, sus niveles siguen en buena medida las variaciones de la progesterona.

Por eso, en el SPM no solo importa cuánta progesterona hay, sino también cómo responde el organismo a los cambios hormonales que se producen a lo largo del ciclo.

 

La fase lútea: cuando la progesterona cobra protagonismo

Después de la ovulación, el folículo que ha liberado el óvulo se transforma en el cuerpo lúteo, que comienza a producir progesterona.

Es en esta fase cuando los niveles de progesterona aumentan y alcanzan sus valores más elevados del ciclo. Si no hay embarazo, el cuerpo lúteo involuciona, la progesterona desciende y finalmente se produce la menstruación.

Por tanto, una correcta ovulación y el funcionamiento adecuado del cuerpo lúteo están estrechamente relacionados con la producción de progesterona durante la fase lútea.

Y aquí aparece un concepto importante: la regulación hormonal no depende de una única hormona, sino de la comunicación entre el hipotálamo, la hipófisis y los ovarios.

 

¿Qué ocurre con la progesterona con el paso de los años?

La producción de progesterona también cambia a medida que avanza la vida reproductiva.

Durante la perimenopausia, los ciclos pueden empezar a ser más variables y las ovulaciones menos frecuentes. Al aumentar los ciclos anovulatorios, también disminuye la producción de progesterona asociada a la ovulación.

Con la llegada de la menopausia, desaparece la ovulación y la producción ovárica de progesterona disminuye de forma marcada.

Por eso, la transición hacia la menopausia no es un cambio repentino, sino un proceso en el que la actividad ovárica y el patrón hormonal van modificándose progresivamente.

 

Progepril: un abordaje integral de la salud hormonal femenina

Precisamente por la importancia de la regulación hormonal a lo largo de las diferentes etapas de la vida nace Progepril.

Su fórmula combina sauzgatillo, ñame y damiana, tres extractos vegetales con diferentes funciones:

  • Sauzgatillo (Vitex agnus-castus) e.s. 400 mg, de los cuales agnúsida 2 mg.

Su actividad dopaminérgica D2 contribuye a modular la prolactina y se ha asociado a una mejora de la función lútea y de la secreción de progesterona en mujeres con hiperprolactinemia latente. Además, favorece la regularidad del ciclo menstrual y ayuda a aliviar los síntomas del síndrome premenstrual.

  • Ñame (Dioscorea villosa) e.s. 600 mg, de los cuales aporta 120 mg de diosgenina.

Contribuye a mantener el bienestar durante el ciclo menstrual y a afrontar signos característicos de la menopausia, como sofocos, sudoración, inquietud e irritabilidad.

  • Damiana (Turnera diffusa) e.s. 400 mg.

Contribuye a afrontar el cansancio físico y mental y favorece la vitalidad y el bienestar general.

 

Una fórmula para diferentes etapas

El ciclo menstrual y la salud hormonal femenina cambian a lo largo de la vida. Por eso, el abordaje también puede necesitar adaptarse a cada etapa.

Progepril combina tres extractos vegetales para acompañar diferentes necesidades relacionadas con el ciclo menstrual, el síndrome premenstrual y la transición hacia la menopausia, desde el bienestar durante la fase lútea hasta el acompañamiento de algunos signos asociados a la menopausia.

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