Terminas de comer y aparece esa sensación otra vez: el abdomen se hincha, llegan los gases y parece que la digestión se hace más pesada de lo normal.
Si ocurre de manera puntual, probablemente no le demos demasiada importancia. Pero cuando empieza a repetirse, es normal preguntarse qué está pasando.
Y entre todas las siglas y términos relacionados con la salud intestinal hay uno que aparece cada vez con más frecuencia: SIBO.
¿Significa eso que si tienes gases tienes SIBO? No. Pero cuando la hinchazón, los gases y otras molestias digestivas se vuelven recurrentes, puede tener sentido investigar qué está ocurriendo en el intestino.
Cuando los gases y la hinchazón dejan de ser algo puntual
Producir gases forma parte de la fisiología digestiva. Las bacterias intestinales participan en la fermentación de determinados componentes de los alimentos y, durante ese proceso, pueden generarse gases.
Por eso, tener gases después de alguna comida no permite concluir que exista un problema intestinal.
La situación merece mayor atención cuando esas molestias se repiten y se acompañan de otras manifestaciones: abdomen distendido con frecuencia, dolor, cambios en las deposiciones o una sensación persistente de malestar digestivo.
Es entonces cuando, entre otras posibles explicaciones, puede aparecer la pregunta: ¿y si se trata de SIBO?
¿Qué es exactamente el SIBO?
SIBO corresponde a las siglas inglesas de Small Intestinal Bacterial Overgrowth, es decir, sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado.
La clave está precisamente en esas últimas palabras: intestino delgado.
Los microorganismos forman parte de nuestro ecosistema intestinal y desempeñan funciones relevantes. Pero su distribución a lo largo del aparato digestivo no es uniforme.
En el SIBO se produce un aumento anómalo de bacterias en el intestino delgado. Y ahí entra en juego uno de los síntomas que más llama nuestra atención: los gases.
¿Por qué el SIBO puede provocar gases e hinchazón?
Imaginemos el aparato digestivo como un ecosistema en el que no solo importa quién vive en él, sino también dónde lo hace.
Cuando existe un sobrecrecimiento en el intestino delgado, aumenta la actividad microbiana en un lugar en el que normalmente la carga bacteriana es menor. Muchas de esas bacterias fermentan determinados carbohidratos y, durante ese proceso, pueden producir gases.
Esa actividad ayuda a entender por qué el SIBO puede relacionarse con gases, distensión y otras molestias digestivas.
Síntomas del SIBO: las señales más frecuentes
El SIBO no presenta un único síntoma que permita identificarlo a simple vista. Sus manifestaciones pueden variar entre personas y, además, coinciden con las de otros problemas digestivos.
Gases y distensión abdominal
Son probablemente las señales que más llaman la atención.
Algunas personas describen que se levantan con el abdomen relativamente plano y notan cómo la sensación de hinchazón aumenta durante el día o alrededor de las comidas.
Pero cuidado: la presencia de gases o hinchazón por sí sola no demuestra que exista SIBO.
Dolor o molestias abdominales
La acumulación de gas, la distensión y los cambios que ocurren en el aparato digestivo pueden acompañarse de dolor, sensación de presión o molestias abdominales. Su intensidad y localización son variables.
Cambios en el tránsito intestinal
También pueden producirse cambios en las deposiciones. En algunas personas predominan las heces blandas o la diarrea; en otras puede haber estreñimiento.
Precisamente esta variabilidad nos lleva a una idea que será importante más adelante: no todas las personas con un problema de sobrecrecimiento presentan el mismo patrón. Y ahí nos detenemos por ahora, porque merece un capítulo propio.
Tener gases no significa tener SIBO
Es fácil caer en el autodiagnóstico cuando varios síntomas coinciden con lo que hemos leído en Internet. El problema es que los síntomas digestivos son enormemente compartidos.
La hinchazón también puede aparecer en otros trastornos digestivos, como el síndrome de intestino irritable. Determinados alimentos fermentables pueden aumentar la producción de gas y favorecer síntomas en algunas personas.
Por tanto, los síntomas son pistas, no una prueba diagnóstica.
Entonces, ¿cómo puedo saber si tengo SIBO?
Si las molestias son persistentes, el siguiente paso no debería ser iniciar por nuestra cuenta una dieta extremadamente restrictiva o comenzar a tomar diferentes suplementos.
El primer paso es intentar identificar qué está provocando los síntomas.
Dentro del proceso diagnóstico pueden utilizarse pruebas de aliento, que analizan determinados gases exhalados después de administrar un sustrato fermentable. Tanto la elección de la prueba como la interpretación de sus resultados deben contextualizarse junto con la clínica.
Especialmente si existe pérdida de peso no buscada, sangrado digestivo, fiebre, anemia, vómitos persistentes u otros síntomas preocupantes, es importante consultar con un profesional sanitario para descartar otras causas.
Del síntoma a encontrar su origen
Gases, hinchazón, dolor abdominal o cambios en el tránsito pueden parecer síntomas cotidianos. Pero cuando se convierten en algo recurrente, normalizarlos tampoco debería ser la única respuesta.
Comprender qué está ocurriendo es el primer paso para poder plantear una estrategia adecuada.
El SIBO es una de las posibles causas que deben valorarse, pero no puede identificarse únicamente por cómo sentimos nuestro abdomen después de comer.
¿Todos los SIBO son iguales?
La respuesta corta es no. En el próximo artículo veremos por qué no todos los SIBO son iguales y qué significa cada perfil.


