Gases, hinchazón, molestias abdominales, cambios en el tránsito…
En nuestro anterior blog, «¿Gases, hinchazón? Puede ser SIBO», hablamos de esas señales que pueden hacernos sospechar que existe un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Pero también dejamos clara una idea: los síntomas son pistas, no un diagnóstico.
Y terminábamos planteando una pregunta:
¿Todos los SIBO son iguales?
La respuesta es no.
Porque detrás de síntomas aparentemente similares pueden existir perfiles de sobrecrecimiento diferentes, en los que cambian los microorganismos implicados y los gases o metabolitos relacionados con su actividad.
Del «¿puede ser SIBO?» al «¿qué está ocurriendo?»
En el anterior blog partíamos de algunos de los síntomas más reconocibles: gases, hinchazón, distensión o cambios en el tránsito intestinal.
Pero aquí aparece una cuestión importante.
Dos personas pueden presentar síntomas digestivos parecidos y no estar ante el mismo perfil de sobrecrecimiento.
De hecho, se recoge como sintomatología asociada al SIBO los cambios en las deposiciones, el aumento de gases, la distensión y el dolor abdominal, entre otras manifestaciones.
Por eso, una vez que sospechamos que puede existir un sobrecrecimiento, la pregunta ya no es únicamente:
“¿Hay SIBO?”
También debemos empezar a preguntarnos:
Un mismo término, diferentes perfiles
La palabra SIBO procede de Small Intestinal Bacterial Overgrowth, es decir, sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado.
Pero las bacterias que habitan nuestro intestino no se comportan todas de la misma manera.
Durante su metabolismo y la fermentación de determinados sustratos se generan diferentes compuestos. Uno de ellos es el hidrógeno (H₂), que a su vez puede ser utilizado por otros microorganismos para producir sustancias como metano (CH₄) o sulfuro de hidrógeno (H₂S).
Una forma sencilla de verlo
| Perfil | ¿Quién está implicado? | Compuesto asociado |
|---|---|---|
| SIBO H₂ | Bacterias fermentadoras | Hidrógeno |
| IMO | Arqueas metanogénicas | Metano |
| Perfil H₂S | Bacterias productoras de H₂S | Sulfuro de hidrógeno |
| SIFO | Hongos | No se define por uno de estos gases |
Cuando predomina el hidrógeno
El hidrógeno (H₂) es uno de los productos generados durante el metabolismo bacteriano intestinal. Una parte de ese H₂ puede eliminarse, difundirse hacia el torrente sanguíneo o ser utilizado por otros microorganismos intestinales.
Cuando existe un sobrecrecimiento de bacterias productoras de hidrógeno en el intestino delgado hablamos habitualmente de un perfil de SIBO asociado a H₂.
Metano: cuando hablamos de IMO
Aquí tenemos que hacer una pequeña corrección al lenguaje que utilizamos habitualmente.
Seguro que has oído hablar del “SIBO de metano”.
Sin embargo, el término más preciso es IMO, de Intestinal Methanogen Overgrowth, es decir, sobrecrecimiento intestinal de metanógenos.
¿Y por qué hacemos esta distinción?
Porque los principales microorganismos productores de metano en nuestro intestino son arqueas, no bacterias.
Uno de sus representantes más estudiados es Methanobrevibacter smithii. Este microorganismo utiliza el hidrógeno generado por otras bacterias para producir metano.
Además, hablar de IMO tiene otra ventaja: el concepto no limita necesariamente el sobrecrecimiento al intestino delgado.
Por ello, aunque coloquialmente se siga utilizando “SIBO de metano”, SIBO e IMO no significan exactamente lo mismo.
Sulfuro de hidrógeno: otro perfil a tener en cuenta
Pero el hidrógeno y el metano no cuentan toda la historia.
Otro compuesto que puede entrar en juego es el sulfuro de hidrógeno o H₂S.
Algunas bacterias intestinales pueden producir H₂S a partir de diferentes sustratos que contienen azufre. Entre los microorganismos estudiados en este contexto se encuentran Desulfovibrio piger y Bilophila wadsworthia.
Y aquí hay un matiz que nos parece especialmente interesante: el H₂S no es, por definición, algo “malo”.
Se trata de una molécula con funciones fisiológicas y su efecto depende, entre otros factores, de la concentración. A niveles fisiológicos participa en distintas funciones, mientras que concentraciones excesivas pueden resultar perjudiciales para el entorno intestinal.
¿Y si no son bacterias? Hablamos de SIFO
Hasta ahora hemos hablado fundamentalmente de bacterias y arqueas.
Pero nuestro ecosistema intestinal también contiene hongos.
La comunidad de hongos intestinales recibe el nombre de micobiota, y géneros como Candida y Saccharomyces pueden formar parte del ecosistema intestinal.
Cuando hablamos de un sobrecrecimiento fúngico en el intestino delgado utilizamos las siglas SIFO, de Small Intestinal Fungal Overgrowth.
Y aquí merece la pena hacer otra precisión: SIFO no es técnicamente un tipo de SIBO.
En el SIBO hablamos de bacterias. En el SIFO, de hongos.
Sin embargo, tiene sentido hablar de ambos dentro del contexto de los sobrecrecimientos intestinales, especialmente porque algunos síntomas digestivos pueden solaparse.
Esta diferencia vuelve a llevarnos al mensaje central del artículo: No todo sobrecrecimiento intestinal tiene el mismo protagonista.
¿Los síntomas permiten saber qué perfil tenemos?
Aquí debemos tener cuidado.
Podemos encontrar asociaciones entre determinados perfiles y ciertos patrones digestivos, pero no deberíamos utilizar un síntoma aislado para intentar autodiagnosticar qué tipo de sobrecrecimiento existe.
Entre las manifestaciones digestivas que pueden aparecer encontramos:
- Gases.
- Hinchazón o distensión abdominal.
- Dolor o molestias abdominales.
- Diarrea o heces blandas.
- Estreñimiento.
- Cambios en la frecuencia o consistencia de las deposiciones.
Estos síntomas se solapan entre diferentes situaciones digestivas y no son exclusivos del SIBO. El propio blog anterior de Laboratorio Cobas insistía en que gases e hinchazón pueden orientar, pero no permiten diagnosticar un sobrecrecimiento por sí solos.
diarrea = un tipo de SIBO
estreñimiento = otro tipo
¿Por qué importa diferenciar el tipo de sobrecrecimiento?
Porque decir simplemente “tengo SIBO” puede no explicar toda la situación.
No es lo mismo hablar de bacterias productoras de hidrógeno que de arqueas que utilizan ese hidrógeno para generar metano. Del mismo modo, un aumento de microorganismos relacionados con la producción de H₂S plantea un escenario diferente, y un sobrecrecimiento fúngico implica directamente otro tipo de microorganismos.
El intestino funciona como un ecosistema conectado, donde lo que produce un microorganismo puede convertirse en el sustrato de otro.
Por eso, identificar el perfil ayuda a comprender mejor qué está ocurriendo en ese ecosistema.
Y nos lleva a una idea esencial: Dos personas pueden tener síntomas muy parecidos y, sin embargo, no estar ante la misma situación intestinal.
Así que hablar de tipos de SIBO o, de forma más precisa, de diferentes perfiles de sobrecrecimiento, no consiste simplemente en ponerles un nombre distinto.
Consiste en entender que personalizar empieza por diferenciar.
Si no todos los sobrecrecimientos son iguales, ¿tiene sentido abordarlos todos de la misma manera?
Porque quizá no solo importe qué está ocurriendo en el intestino, sino también qué estrategias utilizamos y cómo las tolera cada persona.


